Rusia busca la independencia tecnológica de Estados Unidos

Por: El Diario

El Consejo de Seguridad ruso apunta a esta tendencia en la modificación de su doctrina para la seguridad en la información

Las tensiones con EEUU y Europa a raíz de la guerra en Ucrania han acelerado el proceso

“Después del caso Snowden se dejó de utilizar los productos de telefonía móvil que ofrece Apple en niveles altos de la Administración rusa”, dice Rubén Ruiz, investigador de la UNED

Un Putin más conciliador con Occidente prevé que Rusia superará las sanciones

Putin quiere que se desarrolle una industria rusa de telecomunicaciones y software.

A principios de marzo, el Consejo de Seguridad ruso  anunció un cambio fundamental en su doctrina de seguridad en el terreno informático. El objetivo era impulsar el software de factura rusa, incentivos para los desarrolladores del mismo y exención del IVA para aquel diseñado dentro de las propias fronteras por empresas locales.

Es el último episodio de un órdago lanzado en julio del año pasado, cuando el Parlamento ruso  propuso al Gobierno prescindir del software y hardware de importación. La iniciativa vino después de otro paquete de sanciones impuestas por Estados Unidos para castigar la implicación rusa en la guerra de Ucrania. Dos meses antes de la propuesta parlamentaria, Microsoft, Oracle, Hewlett Packard y alguna otra compañía habían advertido de que muy probablemente tendrían que dejar de trabajar con los bancos y empresas rusas incluidos en una lista de 18 entidades.

Una fuente de Microsoft, no obstante, reveló a The Moscow Times que la compañía para la que trabajaba  no dejaría de operar en Rusia con otras empresas que no estuvieran incluidas en la lista. Valentin Makarov, presidente de Russoft, la asociación rusa de desarrolladores de software, afirmó que los bancos de su país estaban capacitados para trabajar con productos de origen distinto a los estadounidenses y mencionó alternativas como el uso de software libre o el desarrollo de uno propio, así como la importación del mismo desde otros países.

Las opciones mencionadas por Makarov vienen contemplándose desde hace años en Rusia, según explica el abogado José María Viñals, socio del bufete Lupicinio, firma especializada en derecho internacional privado que opera en dicho país y en Ucrania, entre otros: “Lo que se está planteando exactamente es que si hay proveedores rusos que ofrezcan un producto con las características de ese software extranjero, se opte por la opción rusa. Dentro del contexto socioeconómico y geopolítico es una forma de ser independiente tecnológicamente. Es una medida proteccionista de mercado y apostar por otros softwares por los que no hay que pagar es una medida claramente liberal. Algunos bancos rusos, así como fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ya han empezado a utilizar software no propietario”.

Los planes de Rusia, por tanto, son anteriores al estallido del conflicto en Ucrania, así que se podría pensar que no es un paso más en la escalada dialéctica entre los dos países si bien “eso [el conflicto en Ucrania] es lo que explica un poco que estas políticas proteccionistas hayan ido cogiendo impulso, lo que se pretende evitar es la dependencia con respecto a un país con el que Rusia tiene cada vez relaciones más tensas”, apunta Viñals.

Algunos de los medios que se han hecho eco del giro de la política tecnológica del Kremlin en el sector informático hablan sin tapujos de una guerra fría Rubén Ruiz –politólogo, investigador de la UNED y coordinador del portal Eurasianet.es– cree que este sería un concepto que habría que evitar por erróneo, más allá de que esa vía adoptada por la Federación de Rusia tenga un recorrido más largo que las tensiones experimentadas desde hace poco más de un año: “Una de las grandes diferencias que se tienen que analizar al margen de lo que está ocurriendo con respecto a la Guerra Fría es que ya no estamos ante dos sistemas enfrentados, ahora existe una gran interdependencia económica”.

Al igual que Viñals, a Ruiz le consta que Rusia lleva varios años buscando esa independencia o, al menos, la reducción de la dependencia en el ámbito tecnológico. “Después del caso Snowden se dejó de utilizar los productos de telefonía móvil que ofrece Apple en niveles altos de la Administración rusa”, manifiesta Ruiz. No obstante, el politólogo considera que “el coste que para Rusia tendría hacer hoy esa operación [dejar de depender del software extranjero] no es asumible”.

Las limitaciones de la restricción de importaciones

Después de la propuesta de la Duma estatal en julio, la situación estaba lejos de templarse. Ese mismo mes, el ministro de Comunicaciones, Nikolái Nikiforov,  llevó a cabo un simulacro destinado a comprobar la capacidad de adaptación de las comunicaciones a través de la Red en caso de interrupción de servicios básicos debido a una “acción no amistosa”. A mediados de septiembre, el ministro  anunció la creación de un fondo especial destinado a los programadores rusos.

Dicho fondo sería subvencionado con una tasa de más del 10% procedente de las ventas de software en el país, ya fuera de factura nacional o extranjera. A continuación, la portavoz del Ministerio negó que desde dicho gabinete se fuera a poner en marcha una medida parecida. El 29 de octubre, el ministro  se pronunció también en contra del borrador de un proyecto de ley con el que se pretendía obligar al Gobierno a rechazar la oferta de una empresa de software extranjera si existían al menos dos productos rusos del mismo tipo que proporcionasen un servicio análogo.

Nikiforov justificó su rechazo al proyecto señalando que “apoyo una regulación suave que incluya también a las adquisiciones [de software] estatales, pero estoy en contra de las restricciones directas”, ya que “si aprobamos medidas restrictivas, recibiremos, como si se tratara de un búmeran, otras similares de países que prohibirían nuestros productos”.

El politólogo Rubén Ruiz interpreta de forma rotunda estos bandazos del ministro de Comunicaciones: “Yo creo que fue una salida de tono procedente de la rivalidad y de la tensión del contexto, en el que se ha recuperado la retórica de la Guerra Fría. Ojo, insisto en que solo es la retórica”.

El abogado Viñals, por el contrario, no cree que todo se vaya a quedar en el terreno de las palabras: “Ya existen los precentes de Cuba y Corea del Norte. La espada de Damocles en forma de una paralización en la importación de software de Estados Unidos pende sobre Rusia, como también pende la desconexión tecnológica, y eso es algo que está ahí con las sanciones anunciadas. Yo entiendo que el ministro ruso no quiera dar ese paso porque el siguiente sería una respuesta de Estados Unidos con nuevas sanciones, esta vez centradas en este ámbito, que dejarían a Rusia sin esos productos”.

El manejo del lenguaje en una crisis como esta, según el letrado, es crucial. “Si Rusia lleva a cabo estas medidas proteccionistas de mercado yo les aconsejaría que las desarrollara para generar un software propio y que evite presentar [dichas medidas] como sanciones al software norteamericano”, recomienda.

El 14 de enero de este año saltaba una nueva noticia: Google  cerró su planta de desarrollo de software en Rusia aunque prometió “intentar aumentar la inversión en 2015” en este país. Un consultor de Cisco hizo las veces de portavoz de la compañía y adujo, según reflejó la agencia TASS, que se trataba de razones puramente económicas ya que “con la crisis económica que se ha desencadenado en Rusia, es más lógico para Google mantener a sus programadores fuera del país”.

A finales de enero el secretario y el presidente del Comité Central del Partido Comunista de la Federación de Rusia hicieron llegar una serie de preguntas al fiscal general de Rusia, Yuri Chaika, para exigirle que presionara a Google, Apple, Visa, Master Card y otras empresas por haber dejado de prestar sus servicios en Crimea. Decidieron dar este paso al conocer los informes que aseguraban que PayPal había dejado de prestar sus servicios en esa península desde el 23 de enero. Google y Apple, según el diario Pravda, adujeron causas de “fuerza mayor”.

La alternativa de China e India

Si se produjera un aumento de la tensión entre Estados Unidos y Rusia, cabría preguntarse si el país más extenso del mundo posee la capacidad para garantizar su independencia tecnológica o, por el contrario, la ruptura de su dependencia con Estados Unidos significaría automáticamente caer bajo el dominio de China en el ámbito de las tecnologías de la información. Otra cuestión sería si la posible subordinación a China sería algo coyuntural o, muy al contrario, es un tipo de dependencia que no incomoda y por tanto sería una situación deliberadamente buscada por Moscú.

Viñals no duda de cuáles son las auténticas intenciones de Rusia, al menos hasta hoy, otra cosa bien distinta es que puedan lograrlo a corto plazo. “Rusia lo que pretende es independizarse del software estadounidense y si pretende esto mediante el desarrollo de su propio mercado y la implantación de trabas a la importación debe medir muy bien los tiempos. Por ahí va tal vez el ministro [de Comunicaciones] que vino a decir: ‘Oye, aunque esta es la política que llevamos implementando desde 2008, ojo con dar el paso ahora porque a lo mejor no tenemos todavía la tecnología adecuada’. Si esto se produce [dar este paso] caerían en una laguna en la que tendrían que tomar lo que el mercado ofrece. Y lo que el mercado ofrece [como alternativa] es lo producido por los chinos y los indios”, afirma.

Ruiz, por su parte, cuando se le pregunta si Rusia prefiere arrojarse en brazos de China, lo tiene muy claro: “Ya lo está haciendo. Tú vas a cualquier equivalente a The Phone House en Rusia y encuentras las copias chinas de productos estadounidenses sin ningún problema”. Recalca además que la colaboración con China en este ámbito se produce desde hace décadas: “Los rusos han heredado de la URSS un sistema donde había ciudades enteras pobladas por investigadores. Tenían además la Academia de Ciencias que era un sistema de investigación paralelo a la Universidad. Desde 2003, Rusia acordó con el Gobierno chino que ellos ponían el dinero para un proyecto y los científicos soviéticos lo desarrollaban. Luego se compartían los resultados incorporando a su vez a investigadores chinos en esos equipos rusos”.

Por mucha experiencia que exista en la cooperación científico-tecnológica entre el gigante asiático y el gigante europeo, el dinero en estos casos es crucial y, como recuerda Ruiz, “cuando Rusia pide un crédito lo pide a Occidente, no a China”, asegura. “Esto lógicamente cambiará si continúa esta tensión entre Rusia y Estados Unidos”.